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Reflexión sobre la Teoría Ambiental en el marco de los Proyectos Educativos Ambientales.

El diario vivir nos ha llevado a desconocer lo que es natural y lo que no lo es. Comúnmente vemos los árboles, carreteras, carros, fauna y edificaciones como algo en lo que hemos nacido, un ambiente natural para nuestro desarrollo. Sin embargo, desconocemos que existen una gran cantidad de inconvenientes que están afectando cada rincón del planeta y se debe a nuestra manera de proceder. Estos problemas ambientales, se deben a sistemas tradicionales de producción y confort. (Meza-Aguilar, 1992)

Cuando se habla de educación ambiental, se pretende brindar a los estudiantes los elementos necesarios para realizar un análisis crítico de las condiciones de su medio ambiente, permitiéndoles identificar los principales problemas ambientales y buscar su participación en la solución a los mismos. Es una forma de educar con contenidos que cuestionan la sociedad y sus valores dominantes. (Meza-Aguilar, 1992)

La premisa general es que la naturaleza está ahí para alimentar nuestro cuerpo y espíritu pero la realidad es que no es un resultado de la actividad o deseo humano, sino su hábitat, su nicho y su fuente de alimento. La humanidad tiene como nicho la cultura, lo que es singular. En general los nichos ecológicos tienden a ser concretos, de fácil ubicación dentro de la dinámica de los ecosistemas, pero el humano se sale de este y comienza a labrar su entorno, identidad y sociedad en el abstracto de su mente y es desde allí que las personas cambian el ambiente para que adquiera la forma pensada. Esto desde el punto de vista que se vea, es un impacto para el orden de los ecosistemas, y por ende un cambio en las dinámicas poblacionales.

Otra forma de apreciar el impacto humano en el ambiente, de acuerdo a Teresa Wuest (de la Universidad Autónoma de México), es viéndolo como una problemática que incorpora a lo social, lo económico, lo político y lo cultural, es por esto que la reflexión a realizar es de carácter histórico así como ético. La reflexión que olvide cualquiera de estas dimensiones hará necesariamente una reducción del problema con las consecuencias que esto tiene.

Vicente Sánchez (UNESCO) por su parte dice que se tienen múltiples rasgos de desajuste en la articulación sociedad-naturaleza en el modelo actual, que pueden resumirse en tres manifestaciones básicas:

  1. Síntomas derivados de la acumulación de desechos, condicionando los diversos tiempos de contaminación.
  2. Síntomas derivados del uso y explotación de los recursos naturales, que provocan degradación, agotamiento, dilapidación y desaprovechamiento de recursos.
  3. Síntomas derivados de la modificación de los espacios naturales por la implantación de los sistemas antrópicos, generando problemáticas típicas sociales (transporte, agua, ruido, hacinamiento, etc.) como globales (cambio climático).

En todos estos casos se sobrepasa la capacidad de autorregulación y renovación, pues no se contempla el aspecto básico de funcionamiento del ecosistema a utilizar. De poco sirve que los individuos cobren conciencia de los daños que producen al medio ambiente con su actividad diaria como consumidores de ciertos productos, cuando la oferta de estos es la única en el mercado.

Lo que nos lleva a que algunos de los objetivos de la educación ambiental sea el de buscar prevenir la producción de nuevos y/o más graves problemas ambientales, sino más bien generar nuevas opciones de uso, consumo y servicio, así como lograr que las personas entiendan la complejidad de la naturaleza y el balance que debe haber con el medio creado por el hombre, el cual es el resultado de su biología, cultura, conocimiento, y valores. (Meza-Aguilar, 1992).

REFERENCIAS

  • Meza-Aguilar, L. 1992. Educación ambiental. ¿Para qué? Nueva Sociedad N° 122, Noviembre-Diciembre. Pg.176-185.
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